Malcriando princesas
Esta noche los lobos se esconden para no ahuyentar con sus aullidos estos pequeños recuerdos que guardo en la esquina mas brillante de la luna.
Me siento como si me hubieran arrancado un miembro del cuerpo, y me sigue picando, sigue haciendome cosquillas, a sabiendas que, por mas que mire, ya no va a estar ahí como siempre ha estado durante estos ultimos 7 meses. Demasiadas caras, demasiadas bromas, demasiadas sensaciones no caben en esta ratonera que tengo por cabeza, y por mas que lo intente, no puedo borrar la primera sonrisa de niña consentida, ni las lágrimas que me brindaste con tu última mirada.
Porque de eso se trata. Se trata de una mirada de extrañeza, de un apretón de manos de un desconocido a modo de presentación en un pasillo desierto a primera hora de la mañana. Con el desastre disfrazado de chico correcto (con cartera de piel a juego), y la timidez de una princesita que no sabe donde esconderse, ni donde mirar. Siempre se me hicieron dificiles las despedidas, así que decidí un dia dejar de hacerlo, sobretodo ahora que me quedé incompleto. Se me quedan tantas cosas en el tintero….; tantas puyas, tantos “sabios” consejos, tantas confidencias susurradas entre los muros de plástico, o esos alzamientos de cejas tras los monitores. Sigo con mi mente todos esos pasos desde la salida hasta la boca de metro, donde hemos visto, hablado, reido, que la tinta se agota y deja a medias un libro que por no escribirse, se quedó en el limbo de nuestro recuerdo.
La gente viene y va, como en las estaciones de tren, y nosotors nos quedamos atrapados, apoltronados en mitad de ninguna parte con el buche lleno de patatas fritas. Con las risas contagiosas dignas de niños pequeños que solo saben la primera frase de una canción, inventándose el resto. Un apretón de manos abrió la veda y un abrazo demasiado corto, como todo lo que nos unió, en este tiempo tan fugaz, tan efímero.
Al malcriarte con tus caprichos a golpe de sonrisa inocente (conquistarme se te hizo demasiado fácil), me malcrié sin darme cuenta, y ahora que te pierdo, como tantas otras personas, como tantas otras cosas, me siento tan varado como cuando llegué en octubre. Se me quitaron las ganas de inventarme los dias contigo al lado, o enfrente, mientras nos guardamos con celo las palabras por la mañana para estallar a parlotear por las tardes. Aborrezco todos esos silencios deliberados ante tus empujes, a tus “cuentame algo”, que no volverán. Nadie nos enseña donde parar, dice la canción, así como nadie me enseño donde empezar despues de esto.
Y duele. Duele muy adentro.
La luna empieza a llenarse de momentos que ojala nunca se marcharan. Ojala no se olviden todos estos dias vividos, como tantas otras cosas que se pierden cuando caen de nuestros bolsillos al caminar. Yo no quiero que se marchen todavía….
Ojalá no se me olvide nunca tu sonrisa de princesa malcriada.
