Un puzzle de piezas que no encajan

La mañana se despierta desapacible, enturbiada de claroscuros.

Las verbenas de San Juan nunca han sido dias de mi devoción;  siempre me han descubierto ebrio de gloria perdida o de añoranza antes de despedirlas, entrada la mañana, o me encuentran cuando estan a punto de extinguirse, cuando suelo despertarme.  Pero hoy me toca quemar cada minuto de estas venticuatro horas, y entiendo una vez mas el porque de rehuirlas siempre.  Las verbenas de San Juan me hacen ver, cada año, lo poco que detesto de mí, pero que igualmente está ahí, como un espejo roto en el que millones de rostros escrutadores me interrogan con la mirada.

Son estos dias los que me saben a despedidas, a “ya te llamaré”, a “nos vemos pronto” y otras mentiras piadosas que enmudecen los labios y que los ojos evitan, para no hacerse daño.  Dias como los de hoy parecen no querer pasar nunca cuanto estas así, en un in pass tras otro, sin saber ubicarte en un estado de animo concreto, pero tampoco estas bien.  Si bien son veladas donde el calor de la familia son un tenue bálsamo para calmar viejas heridas, cicatrices omnipresentes, este año la tradición se resquebraja al haber mas ausentes de los que me gustaría, y la velada se antoja como una reunión de viejos silencios, de antiguos fantasmas.

Planes los habrá a cientos, y opciones de olvidar, por unas horas, el sinsentido de esta pesadumbre treintañera que me tiene abotargado desde hace unos meses.  Pero sigue “faltándome” ese “algo” que tantas veces he buscado pero que me resulta abrumadoramente esquivo.  La noche se llenará, como de costumbre, de caras desconocidas que sonrien por fuera pero que se guardan ese poso de amargura para el final, como un niño que de tanto trastear con su juguete favorito, lo acaba rompiendo.  Juguetes rotos y ebrios esperaran, me esperaran, como cada mañana de San Juan, sentados en los bordillos, en las aceras,  mirándome pero sin verme, y todo volvera a la devastadora rutina de siempre.No es que me guste ser pesimista.  Los que ya me conoceis sabeis de sobra que ando por esa fina cuerda de los extremos en los que estoy o preocupantemente eufórico o me vuelvo irremediablemente cínico.  “Pero es un in pass”, me vuelvo a decir.  “Mañana será otro dia”, me gusta pensar.

Son demasiadas las veces las que he lamentado mi suerte;  demasiadas ocasiones perdidas, demasiadas oportunidades malogradas.  Será por cobardía, digo yo, o es que soy incapaz de encontrar ese momento de calma, esa pieza del puzzle que me complete, y poder contemplar ese paisaje que hay detras de la amalgama de piezas inconexas a las que yo llamo mi vida?  La gente suele decirme que no es posible ser feliz si supeditas dicha felicidad a otra persona, pero siempre he creido, y sigo creyendo pese a todo, que siempre hay alguien, en alguna parte, que esta esperando a que esa pieza entre en su vida y complete su puzzle.  Y sentirse completo, al fin.Sé que no soy el único.  No soy la única persona del mundo que tiene en la mano todas las piezas menos la que esta buscando.  Hay piezas que no encajan, cierto, pero…  no voy a cansarme de buscar la pieza correcta.

Y esa pieza es mi deseo particular para esta noche de San Juan.

 

 

 

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Una respuesta hacia “Un puzzle de piezas que no encajan”

  1. A veces encuentras una pieza que encaja con tu puzzle pero, como la vida va cambiando, la pieza que has encontrado deja de encajar y hay que buscar una nueva. Te deseo toda la suerte del mundo para encontrarla!

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