Cerrando la puerta de un portazo (para saltar por la ventana)

Hay luces que son creadas para no durar.
Hay estrellas en el firmamento que son solo eso, estrellas. Inalcanzables. Tan lejanas como las leyes de la física dictaminan. No estan hechas mas que para ser contempladas.
Hay puertas que si no cierras a tiempo, corres el peligro que se escape el gato. Y si el gato sale a pasear, se para a oler las hojas de los arboles, a sentir el viento acariciando sus bigotes, se siente libre, y se marcha corriendo en busca de esos puntitos luminosos que brillan en el cielo y quiere hacerlos suyos… para encontrarse al final de la calle bajo las ruedas de un autobus.
Incauto gato, que te fuiste detras de las estrellas y acabaste aplastado contra el suelo.
Lo bueno de llegar a los 30 es que se te caen los viejos mitos, no te haces falsas esperanzas, y todo sentimiento puede moldearse hasta dimensiones mas manejables. Ya me cansé de recorrer los mismos senderos, tan llenos de misterio, tan cautivadores, que aunque sabes que no llevan a ningun sitio (o te llevan al mismo sitio, en un bucle infinito) los sigues recorriendo. Y no aprendes… nunca aprendes.
Por un momento pensé que iba a cambiar el curso del sendero para sorprenderme, como tantas otras cosas me han soprendido a lo largo de este largo camino, pero de nuevo descubres que la senda es una via muerta. Un retorno al principio. Un final interrumpido por otro mas breve.
Así que decidí salirme por la tangente. Cruzar lo que queda de viaje campo a través, sin preocuparme de piedras escondidas, pendientes acechantes, o si un precipicio aguarda tras los arbustos. Lo bueno de no saber que va a pasar es que es la mejor alternativa posible al “y si fuera a suceder…” que tanto nos encandila, tanto nos hipnotiza, que perdemos la noción de realidad, esa realidad que siempre viene tener guardada en el bolsillo, por si acaso.
Asi que la puerta, esa puerta, se cierra sin mas, de un portazo, sin girarse a observar por la mirilla siquiera. Es mejor saltar por la ventana, aquella donde el gato aguarda tranquilo, seguro, lamiéndose los bigotes y sintiéndose libre, pero a salvo de estrellas traicioneras que no necesitan ser alcanzadas, ni de caminos serpenteantes que van en direccion contraria.
¿Para que aspirar a estrellas lejanas, mientras lo que buscas lo tienes justo a tu lado?